jueves, 14 de junio de 2018

Mi dulce Audrina de V. C. Andrews

¡Buenísimos días!

Cuando era adolescente conocí a V. C. Andrews con la saga Dollanganger (Flores en el ático); años después, platicaba con una linda mujer y me dijo que si encontraba Mi dulce Audrina, de la misma autora, no lo dejara pasar. Transcurrieron otros años hasta que lo pude ver en una feria del libro.

De Andrews se ha dicho que tenía un estilo muy pasteloso y que las descripciones no son realistas o que sus historias son ridículas porque son exageradamente irreales y contienen dramones descomunales y cadenas de desgracias sin fin. ¿Qué digo yo? que es posible pero defiendo enteramente su estilo por dos razones bien sencillas: era la moda escribir así en aquellos años y que es ese estilo súper pomposo y melodramático lo que la ha hecho famosa.

Mi dulce Audrina es terrible por la historia que contiene y es que si ya han leído la saga Dollanganger saben que Andrews solo conoce historias terribles y de pesadilla. De entrada y para amenizar, puedo decir que es como Justina o los infortunios de la virtud pero con menos sexo y perversiones.
Y la receta-Andrews está servida: mansiones decadentes, secretos familiares, protagonistas angelicales, la mujer "mala", hombres bellos pero terribles, sexo obligadamente pecaminoso, muerte y traiciones detrás de cada puerta.

Mi dulce Audrina es una novela de un matrimonio que abusa mentalmente de su hija en nombre del amor. La niña crece siendo alguien que no es y siendo víctima de las decisiones de todos a su alrededor pues no cuenta con voluntad propia. Todos los personajes son parte de un complot que gira en torno a la protagonista en mayor o menor medida y puesto que este abuso es el hilo grueso de la historia y fuera de él no hay más, nos adentraremos un poco más en la historia revisando las implicaciones de ciertos personajes en ella.

Audrina fue la primera hija del matrimonio Adare, sin embargo debido a un accidente terrible la pequeña muere. La pareja (Lucietta y Damian) decide tener una segunda hija con el mismo nombre. La niña tiene siete años al comenzar la historia y narra con una inocencia inconcebible la pesadilla de ser la "segunda y peor Audrina" porque su padre está tan dañado de la cabeza que le quiere implantar todos los recuerdos y virtudes de su primogénita fallecida para que "llene su cántaro vacío de cosas buenas de la primera Audrina". Algo muy peculiar que le sucede a la niña es que cree que esos rituales la están volviendo loca pues no puede recordar nada con claridad, cada día que pasa y que absorbe a la hermana muerta, le es más difícil recordar cosas de ella misma; no ayuda el hecho de que no asiste a la escuela, tiene prohibido salir de casa y la pobre no puede saber ni qué hora o qué día es con exactitud.

Otro personaje es Vera, la prima de Audrina aunque en público la hacen pasar por su hermana pues Ellsbeth, madre de Vera, la tuvo fuera del matrimonio (cosas del deshonor). Vera tiene once años al inicio de la historia aunque no se sabe con exactitud pues se cambia la edad a conveniencia. Ella siempre ha envidiado a las dos Audrinas y se esfuerza por hacerle pesada la existencia a protagonista. Vera en realidad parece el mal encarnado, no la soltaremos en toda la novela, que transcurre en un periodo aproximado de una década.

Conforme pasan "los años" Audrina tiene más libertades, puede tomar clases de piano o salir al bosque de atrás donde conoce a su vecino Arden, un niño que al parecer es mayor que ella y que tiempo después, como es natural, ambos se enamoran. Arden tiene un papel muy especial y contribuye en buena medida a la pesadilla que es la historia por varias razones. En él vemos la degeneración que puede tener un niño en su camino a la edad adulta.

Como cereza del pastel está Damian Adare, agente de bolsa, padre de Audrina y un auténtico enfermo. Damian mueve los hilos en la historia; en un principio solo muestra ese poder con Audrina, pero el domina la casa, las situaciones, a su esposa y cuñada, a su sobrina, a Arden y todas las verdades y secretos de su familia. Un obseso del control que en numerosas ocasiones también deja ver que todo es una fachada de lo miserable que es su existencia. Un personaje que dedico a todos aquellos a los que les gusta justificar machirulos porque obran abusos en nombre del "amor".
Otros personajes como Lucietta, Ellsbeth, Silvia o Mr. Rensdale definen más aristas de la historia y ninguna de estas es más amable ni tranquilizadora.

¿Te recomiendo Mi dulce Audrina? Depende. Yo llevaba varios años sin ese típico "una página más y ya" para darme cuenta que eran las 4:30 de la madrugada y ya no había más páginas que leer y me sucedió con este libro, condenado librejo.
En varias ocasiones leía algo tremendo y cerraba el libro, lo aventaba donde fuera y tenía ganas de jalarme el pelo gritando "¡Nooo! ¡¿Por qué?!" y es que las desgracias no solo no dejan de suceder, sino que provocan cada vez más rabia.
No es una historia cómoda para el hígado pero es muy fácil de leer. Y qué va, digámoslo: si te gusta el morbo (como a mi) pues ve a tu librería de viejo o a tu biblioteca y léelo. Si te gana la buena moral, no lo intentes.
¿Es mejor la saga de Flores en el ático? Yo creo que si.
A pesar de ser autoconclusivo, Mi dulce Audrina puede tornarse un poco forzado en cuanto a "¿ahora cómo torturaremos a Audrina?" (yo ya le decía Mi dulce Justina, ja).
A pesar de toda la bilis soltada (especialmente con el final) no puedo decir que es un desperdicio, se nota que el primer objetivo es causar indignación y enojo en el lector y creo que eso está muy bien, que no todos los libros enseñan, dan amor, hacen sonreir; también hay libros que miden tu tolerancia y tus valores a través de personajes deleznables y no por ser incómodos es tiempo perdido. Me alegro mucho de que me recomendaran y de haberlo leído.


Como muchos saben, V. C. Andrews fue una escritora norteamericana que pasó casi toda su vida en una silla de ruedas. Publicó alrededor de siete libros y todos se caracterizan por ambientes sombríos llenos de secretos y desgracias. Al morir en la década de los 80's, un escritor fantasma (que es más bien conocido) se ha encargado de seguir escribiendo continuaciones e historias con el estilo de V. C. Andrews.

jueves, 31 de mayo de 2018

Reflexiones en: la vejez de Jim Botón y Lucas el maquinista

¡Buenísimos días!
Jim Botón y Lucas el maquinista de Michael Ende
Michael Ende dijo que sus libros son solo para niños y que todo adulto que los lea, debe estar acompañado de un niño. ¡Oh! ¡Cuánta razón tenía!


Jim Botón y Lucas el maquinista es un libro cargado de hechos inverosímiles, absurdos y con una lógica aplastante pero a la vez sin sentido; no hay que malentender, me parece un libro fabuloso, exquisito y divertido. Y cuando le di sus cinco estrellitas en Goodreads me di cuenta de algo que todo adulto se dio cuenta, excepto yo, ya sea porque soy un poquito subnormal o porque lo leí como niña o porque este mundo está bajo una peligrosa epidemia.



No voy a adelantarme. Empiezo por contar de que va este libro que tristemente ya está descatalogado y finalmente, la reflexión en torno a como la peste del siglo XXI ha asesinado a Jim Botón. Los que conocen La Letra como Alimento saben que no me corto, si tienes flojera de leer, abandona ya el blog, que sin comentarios no me muero de hambre. :)



LA HISTORIA

Lummerland es un reino en una isla. Los únicos habitantes son el rey Alfonso Doce-menos-cuarto; sus dos súbditos: el señor manga y la señora Quée; y el maquinista, Lucas, junto con su locomotora Emma. En realidad la isla es tan pequeña que solo caben ellos.
Ilustración de J. F. Tripp
Un buen día, llega a Lummerland el cartero con un paquete misterioso, la tarjeta de destino está tan mal escrita que el cartero supone que el destino es la isla. Todo el reino se reúne para abrir el paquete, del que sale un bebé negro al que llaman Jim. Años después por una circunstancia particular, le apellidan Botón.
La historia toma un giro cuando el rey Alfonso Doce-menos-cuarto cita a Lucas para decirle que Jim es muy pequeño y solo es medio-súbdito pero que cuando crezca y sea un súbdito completo Lummerland sufrirá de un peligroso caso de sobrepoblación, por lo que el rey ha resuelto que se prescinda de Emma, la locomotora, para que todos puedan vivir tranquilos. Como es natural, Lucas decide que no abandonará a Emma y debe marcharse con ella pero Jim Botón, al tanto de la situación, decide marcharse con él, pues se han hecho muy amigos. Los dos amigos deciden huir de noche, le instalan una vela a Emma y deciden navegar sobre ella por los mares.
Ilustración de J. F. Tripp
Al cabo de un mes, llegan a China. Merece la pena mencionar que China es un país con árboles largos y transparentes como el cristal, en todas partes hay campanillas de plata y los puentes son de porcelana, además los tejados son todos de oro; la gente de China está toda vestida igual, son gente muy limpia pues les encanta lavar, los chinos tienen muchos niños, y los niños tienen niños que son "niños de niños" (no que sean realmente niños de niños, sino que el niño es una versión pequeña de un adulto, pues un niño de niño es una versión pequeña de un niño más grande; por lo que hay niños de niños hasta del tamaño de un pulgar).
La aventura se centra en China, Lucas y Jim deberán cruzar una serie de lugares totalmente increíbles e inverosímiles como El Valle del Crepúsculo o El Fin del Mundo y conocer personajes únicos como Tur Tur, el gigante aparente o Nepomuk, el medio dragón; para llegar al País de los Dragones y rescatar a la pequeña hija del emperador que ha sido secuestrada junto con otros niños de alrededor de todo el mundo por la señora Maldiente, un dragón temible que goza maltratar y torturar a los niños dándoles clases todo el día en su escuela privada. Cabe mencionar que Emma, la locomotora, es también un personaje y de los más dulces que tiene el libro, tiene personalidad propia  y verdaderamente está viva.


Jim Botón y Lucas el maquinista es recomendable para niños a partir de los 9 años de edad. Es un libro bastante largo pero se puede leer fácilmente en capítulos. Originalmente era un cuento mucho más extenso, sin embargo se editó en dos partes para comodidad de los niños. La segunda parte se titula Jim Botón y los trece salvajes.


LA VIRUELA DEL SIGLO XXI
Hace poco, recibí por e-mail la entrada del blog de Anatarambana llamada Literatura infantil y género: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar?, donde Ana habla de como lo "políticamente correcto" llegó a la literatura infantil y juvenil. Se centra mas en la literatura de género y la parte fuerte de su reflexión es el esfuerzo de grupúsculos que buscan erradicar figuras femeninas "nada ejemplares". Es importante recalcar y espero estar comprendiendo bien las palabras de Ana, que están buscando quitarle el poder al niño de interpretar una lectura, se duda de su interpretación, de su inteligencia e incluso de los adultos que le rodean.

El niño lector a veces entiende todo, otras veces no, otras veces entiende entre líneas cosas maravillosas. Y el "leer entre líneas" significa interpretar, analizar, reflexionar; nada más y nada menos que el proceso mental para generar conocimiento. 
Ilustración de Mathias Weber

Si me preguntas qué pensé al leer la historia de Jim Botón, te lo diré tal cual. Que Jim pensara que ser maquinista era su oficio ideal porque él ya era negro y así el hollín no se le vería en la piel me pareció divertido; que llegaran a China y todos "fueran iguales" me pareció divertido; los chinos son un pueblo muy listo y muy limpio, todas las características de los chinos son simpáticas.
Yo no pensé que qué fortuna que hayan incluido a un personaje "de color" (¿de qué color?). Jamás se me ocurrió pensar que esa forma en la que los chinos son retratados eran "estereotipos raciales".


Fuera juicios, aunque queramos ser muy correctos, es verdad que en primera instancia siempre relacionamos las nacionalidades con comida, vestimentas o actitudes. No por representarlo con o sin sátira o ironía significa que estés perpetuando "estereotipos raciales" porque no querer ver que todos somos diferentes y por regiones algo más parecidos y con características singulares, es querer ser ciego y además tonto.

Aunque yo pueda decirlo de este modo, parece ser que muchas personas no han opinado lo mismo, por un lado aplauden que Ende siendo alemán incluyera un niño negro pero a la vez les contraría que Jim sea tan abierto con respecto a que no se quiere bañar porque no se le nota la mugre; por otro lado piensan que el libro es "racista" o que tiene "estereotipos raciales" negativos por cosas como que los chinos comen arroz, los holandeses queso y los esquimales aceite de hígado de bacalao, es decir, tonterías.
Ilustración de J. F. Tripp

La curioso, es que Ende escribió Jim Botón y Lucas el maquinista inspirado en el horror que vivió el mundo a raíz del régimen del Tercer Reich. Al terminar de escribir el libro que nos reúne (1960), Michael Ende fue rechazado por un par de editoriales debido a que se reflejaban referencias políticas que habían sucedido hace menos de 20 años. Sin embargo hizo de Jim, un niño negro, un altavoz a la amistad y amor entre los niños y adultos de toda nacionalidad donde todos habitan un mundo en general pacífico y hablan un mismo idioma. 
60 años después, dicen que es racista.


Lamentablemente, la viruela de la "inclusión" y lo "correcto" parece suceder con mayor impacto y frecuencia en los Estados Unidos y lo han contagiado al resto del mundo a través de internet. Estados Unidos al ser el melting pot más grande del mundo, provocó esta enfermedad que lejos de fomentar la tolerancia, parece estar poniendo en guerra a todo mundo, y los creadores (escritores, pintores, músicos, programadores, etc.) ven coartada su libertad creativa por satisfacer a gente que de un modo u otro nunca estará contenta.

Qué bueno que Michael Ende ya no está con nosotros.


En la historia (spoiler), Lucas lleva a los niños raptados en la locomotora, a toda velocidad y está preocupado porque deben estar asustados, dice "eran todavía muy chiquitines y además había varias niñas", dato que no es muy agradable, pero al final no vale para nada, a los niños se les bajó el susto, jamás supimos si las niñas se asustaron más o menos que los niños, lo cual pues no está mal. Donde la historia queda muy mal parada es casi al final que comprometen a Li Si con Jim para que se casen cuando sean adultos (ellos acceden). Li Si le regala una pipa a Jim (para que le de enfisema pulmonar, yo creo) y Jim le regala a su prometida una tabla para lavar ropa porque a los chinos en general les encanta lavar ropa; fue como para decir "haré de cuenta que no leí eso". Si, tampoco soy de piedra. Pero como sea, me alarma más que le den una pipa a un jovencito que lo de la tabla para lavar ropa.



LA LECTURA COMO HERENCIA

Todo libro que leemos forma parte de una herencia o patrimonio, cada vez que leemos aprendemos algo de nuestro presente o pasado a pesar que sea una obra de ficción para pasar el rato; mientras más tiempo pasa, más aprendemos. 

Hoy le decimos adiós a un precioso clásico cuyos frutos no pueden volver a surgir por la enfermedad de la que estamos presos. El libro no está mal, no está demasiado viejo; algo añejado, puede ser; pero si va a levantar cejas, las editoriales no van a dar un peso para reimprimirlo. En Alemania, no tienen ese problema, Jim Botón y Lucas el maquinista es un clásico de la literatura alemana infantil.


>Jim Botón y Lucas el maquinista de Michael Ende

Edición utilizada: Noguer/ Arlequín
Páginas: 298