jueves, 4 de enero de 2018

Una conejita en el ballet de Robert Beck

Portada de Una conejita en el ballet de Robert Beck
¡Buenísimos días!

Estoy empezando año con pie derecho en el blog porque toca una lectura muy especial para mí: Una conejita en el ballet. Un álbum ilustrado para niños que se relee una y otra vez para ataques continuos de ternura.

Una conejita en el ballet es uno de los álbumes ilustrados más simples en cuanto a historia y edición en mi librero pero a la vez es de mis favoritos, aunque tal vez se debe mucho a lo que significa a nivel personal para mí.

Robert Beck es el encargado de la historia y las ilustraciones en un trazo casi caligráfico en tinta acuarela siempre en tonos pastel.
La trama va de ballet y de una conejita que por supuesto va a triunfar en el escenario, pero veamos cómo se desarrolla.



Interior de Una conejita en el ballet.
Desirée es una conejita, blanca, mullidita y adorable. Comienza su historia en su sillón, rodeada de pinturas y cuadros de ella en preciosas poses de ballet. Ella siempre quiso ser bailarina de ballet y aunque nunca había visto conejitas en el ballet, no dejará que una pequeñez como esa la detenga.
Desirée decide ir a la mejor academia de ballet de París para cumplir su sueño, aunque ahí se encontrará a Madame Molotov (el mejor nombre de la historia) la cual le dirá una constante: NO HAY CONEJITAS EN EL BALLET. Sin embargo y a pesar de que el Sr. Flores, el maestro, le dice que NO HAY CONEJITAS EN EL BALLET, decide darle una oportunidad a Desirée después de notar sus cualidades.



Interior de Una conejita en el ballet.
Madame Molotov miente a Desirée en cuanto al código de vestimenta de la clase para dejarla en ridículo, pero Desirée no deja que eso la detenga, ni tampoco que sus compañeras de clase crean que NO HAY CONEJITAS EN EL BALLET. Al final del día el Sr. Flores reconoce a Desirée por su pasión.

Semana tras semana, Desirée practica sin parar para poder dominar los pasos más difíciles del ballet. Finalmente, cuando se preparan en la academia para presentar El Cascanueces, el Sr. Flores le ofrece a Desirée que interprete el papel de conejita y aunque no baila, Desirée acepta muriendo de la emoción. Nadie hará de conejita mejor que ella.
Interior de Una conejita en el ballet.
Justo antes de la Danza del Hada de Azúcar, la bailarina enferma y a pesar de que Madame Molotov grita que NO HAY CONEJITAS EN EL BALLET, Desirée se ofrece a sustituir a la chica en el adagio (el pas de deux o en cristiano, el dueto) y el Sr. Flores accede.
Las asistentes se ocupan del maquillaje y vestuario de la conejita y ella sale al escenario dispuesta a conmover al público.
¡Incluso a Madame Molotov!

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LA HISTORIA


Interior de Una conejita en el ballet.
El álbum tiene una estructura sencilla muy típica de una historia de ballet: tenemos a la protagonista con un sueño particular tratando de entrar a un mundo dificilísimo y al final gracias a su pasión consigue alcanzar aquel sueño anhelado. Claro que el ballet es más difícil que eso, pero no hay como una historia donde parece que no hay imposibles con una de las profesiones más difíciles del mundo.
El hecho de que Desirée sea una conejita no solo le da un toque lleno de ternura a la lectura sino que es un mensaje alentador de que no importa quién seas, de donde vengas, necesitas tener mucha pasión y hacer uso de tus habilidades para lograr lo que quieras, por ejemplo, Desirée no esperaba ser el Hada de Azúcar, sino que ella estaba emocionadísima e ilusionada de interpretar el papel de conejita, un papel sencillo donde no baila, solo está sentada siendo ella misma; eso no la detuvo, no la entristeció sino todo lo contrario. La enseñanza de superación pero humildad sobre todas las cosas es la más especial que trata esta historia.


Interior de Una conejita en el ballet.
LA ILUSTRACIÓN

Las ilustraciones están todas en acuarelas en tonos pastel, tanto el color como las líneas tienen un estilo desenfadado y difuso, ¿por qué? pues es sencillo, toda la técnica de ilustración está orientada alrededor de la conejita Desirée. Para su dibujo se requieren apenas un par de líneas como podrán notar; todos los humanos aparecen con los mínimos detalles para que siempre sea Desirée nuestro foco de atención. El trazo de Desirée es simplemente maravilloso, cuando está recostada como una bola, cuando está atenta y alargada en sus poses de conejita y de forma casi mágica esas líneas se transforman cuando está bailando; es un trazo tan instintivo que parece de caligrafía. En resumen, es llamativo, limpio y bastante tierno.

¿PARA QUIÉN?


Interior de Una conejita en el ballet.
Aunque nuestra historia tiene un enfoque bastante femenino, es un cuento que para las edades a las que está dirigido, gusta a niños y niñas por igual (antes de que la sociedad meta ideas de roles de género en la niñez).
¿A partir de qué edad? Juzgando la letra pequeña y los cambios tipográficos o nombres en francés de pasos de ballet, claramente es un libro para ser leído en voz alta a niños pequeños y pre-lectores, por lo que lo podemos leer a los pequeños desde antes que sepan cualquier cosa y hasta antes de que aprendan a leer por sí mismos, aunque claro, no excluye a los primeros lectores.
Una clara desventaja que presenta Una conejita en el ballet es su edición: A pesar de tener un gran formato, la encuadernación es rústica (pasta suave) y está pegada en lugar de cosida por lo que no es demasiado resistente (para pequeños que tienen su biblioteca muy a la mano y son destructores de libros como yo cuando era niña).


Interior de Una conejita en el ballet.
AUTOR

Robert Beck empezó sus estudios de ballet a los catorce años de edad y a pesar de que empezó bastante tarde su formación, pudo convertirse en un bailarín profesional de ballet. Fundó una compañía de ballet en Palm Springs, California y la dirigió durante seis años. Obtuvo un máster en Psicología clínica y vive actualmente en París con su conejita, llamada Desirée. Una conejita en el ballet es su obra debut y la única que ha publicado hasta la fecha.





Todas las ilustraciones pertenecen a Robert Beck.

>Una conejita en el ballet de Robert Beck
Editorial: Scholastic en español
Páginas: 40
Esa frase es preciosa.
Interior de Una conejita en el ballet

jueves, 28 de diciembre de 2017

Tres relatos de José Agustín

¡Buenísimos días!
Después de un noviembre y medio diciembre silencioso por la universidad, he vuelto. :)
Durante las vacaciones voy a estar explorando todos los blogs del mundo y ver de qué me perdí en ¡un mes! Además llegué y ya somos 100 seguidores, no me merezco tanta felicidad. En fin. Vamos a la literatura.
Portada de Bailando en la oscuridad,
compilación.
Esta entrada no es de un libro en especial sino de narraciones de un escritor mexicano: José Agustín.
José Agustín es un autor polémico y transgresor, además es divertido y tiene un humor peculiar. Siempre he querido saber qué tal se lee José Agustín en otros países porque es coloquial a más no poder y tal vez muchos de ustedes terminen de leer esta entrada diciendo "no, esta vez paso por completo", pero yo le tengo fe porque así como el mundo se lee a Palahniuk o a Bukowski mal traducidos o a Shakespeare con la lírica destrozada en otros idiomas; pues si, también se puede leer a José Agustín en todo el mundo y disfrutarlo (eso espero).

Los tres relatos que comparto, los leí en Bailando en la oscuridad, un libro de relatos cortos endémico de una colección editada por el Gobierno del Distrito Federal en el año 2000 (ya ni se llama así la ciudad). La colección se llamaba Para leer en libertad y eran publicaciones gratuitas que la gente encontraba en el metro, libroclubes y bibliotecas. La edición y encuadernación era mala pero tenía buenos títulos.

Sus apariciones oficiales se encuentran en ediciones comerciales: No hay censura (1988), Cuentos completos (2013, DEBOLSILLO) y finalmente Rock de la cárcel (1986), este último es un libro autobiográfico y en la compilación que tengo en casa sólo viene un capítulo.

No hay censura tiene el más puro estilo de José Agustín con pocos párrafos, sin guiones, sin comillas, diálogos que se funden con la narración y un lenguaje coloquial a tope. En primera persona conocemos la desventura del protagonista trabajando como censor para la televisión; durante todo el relato podemos notar que el hermano mayor del protagonista tiene mucha importancia, una figura que acosa constantemente al protagonista pero que es a la vez una figura de influencia. Es Marcial (el hermano) quien es dueño del departamento donde viven ambos, quien tiene el dinero, quien es limpio, ordenado y sabe como vestir, es así como esta influencia brinda el nudo del relato. A manera de ironía No hay censura tiene al menos una grosería en cada dos líneas.
<<Ay, cabrón, exclamé una vez, viendo el monitor; ya salieron chingaderas, tendré que mandarlas a la verga, le dije a mi hermano Marcial, que de pura casualidad fue a visitarme al trabajo [...] ¿Qué dijo? no oí. Dijo pinche, le expliqué. Regresé la cinta y la oímos clarito: pinche con todos sus fonemas y en correcto lip-sync. Ya lo anotaba yo cuando mi (pinche) hermano me salió con que no lo quitara.>>
El rock de la cárcel es un capítulo del libro homónimo de José Agustín, una obra autobiográfica y el capítulo presentado es de un periodo de poco más de un año que el autor estuvo en el Palacio Negro de Lecumberri, una de las peores cárceles mexicanas (o la peor), que fue clausurada en los 70´s para convertirse en el Archivo General de la Nación; Lecumberri albergó en sus crujías a personalidades como los escritores William Burroughs y José Revueltas, al cantautor Juan Gabriel, al pintor David Álfaro Siqueiros y a mi abuelo (bueno, el no es una personalidad mas que para mí). En El rock de la cárcel, José Agustín nos deja ver con tristeza y humor por igual la vida miserable, los negocios turbios, las jerarquías y élites, la significación de los lujos y de una buena vida en el contexto de la cárcel, la burocracia y corrupción (que vienen a ser sinónimos) y como una buena posición en el exterior no garantiza precisamente una estancia menos incierta, sino la cantidad de dinero que uno puede pagar a la inmediatez por una crujía decente, zapatos o algo tan misero como un cigarrillo.
<<La cárcel representa una de las peores derrotas que pueden ocurrir, pero precisamente por eso, por su radicalidad, se puede transmutar en un gran éxito.>>
Los negocios del señor Gilberto es una caricatura escrita acerca de un tal Gilberto, un hombre llegando a los cuarentas, cuyo deporte, negocio y actividad favorita es el matrimonio, básicamente porque es un bueno para nada, por supuesto la narración nos lo indica de forma más elocuente que su servidora. Gilberto se considera un erudito y un crítico tremendo ante la literatura, por supuesto un hombre con tales talentos no puede trabajar de cualquier cosa por lo que deja esos asuntos técnicos a sus hermanos y a sus esposas, quienes para su desgracia le proveen de casa, alimento, lujos y otras necesidades. Después de algún tiempo ingresa a un partido rojo y mientras públicamente lucha en favor del proletariado, su esposa en turno debe seguir planchando camisas y cocinando para su marido y sus discípulos marxistas. Esta narración tiene su gracia, está escrita con ironía en todo momento, José Agustín burlándose no solo de Gilberto sino de todo aquel que personifique el dicho "candil de la calle, oscuridad en su casa".
<<Gilberto encogía los hombros y mascullaba. -Si mi familia es rica, que se amuele; esto es, cum grano salis -después sonrió abierta, gozosamente al agregar-. ...Además, no saben que pienso casarme de nuevo.>>
José Agustín. Caricatura de
Luis Carreño.
José Agustín nació en 1944 en Guerrero, México. Estudió letras clásicas, dirección y composición dramática; ha dirigido obras teatrales y ha participado en numerosas producciones cinematográficas mexicanas. Ha recibido tres premios literarios nacionales y tres becas internacionales y una nacional. Formó parte en México de un movimiento llamado "de la onda". La literatura de la onda comenzó alrededor de la década de 1960 y como es natural es un movimiento de liberación donde los escritores jóvenes toman las plumas para retratar el mundo actual  sin ningún tipo de censura, a menudo criticando la política, las tradiciones y describiendo situaciones reales y a menudo objeto de tabú como la drogadicción o la sexualidad.

Jose Agustín además tiene un estilo de escritura un tanto peculiar, donde los que están acostumbrados a llegar al guión o al punto pueden expandir sus horizontes. En numerosas ocasiones los diálogos y las acciones ocupan el mismo párrafo sin apenas mayor distinción que un punto o una coma (como el fragmento más arriba de No hay censura). Existen otros libros como La tumba, donde hay bastantes diálogos pero no se indica quién dice qué. Leer a José Agustín requiere cierto nivel de comprensión lectora pero más que nada de fluidez e imaginación: leer como si nosotros estuviéramos en medio de una conversación.

Así terminamos hoy y creo que será todo en diciembre. Les deseo a todos muy felices fiestas de año nuevo y muchas, muchas y nuevas experiencias lectoras.

Autor: José Agustín
No hay censura: 1988
El rock de la cárcel: 1986
Los negocios del señor Gilberto: 1964

La caricatura de José Agustín pertenece a Luis Carreño. Extraída del sitio web: http://luiscarreno.blogspot.mx/2015/12/jose-agustin-caricatura-realizada-por.html